
Cómo limpiar tus gafas de esquí sin cargarte la lente
, por Mi tienda Admin , 4 Tiempo mínimo de lectura

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La mayoría de lentes rayadas no se estropean esquiando, sino limpiándolas mal. Qué usar, qué no tocar nunca y cómo guardarlas entre temporadas.
La mayoría de las lentes rayadas no se estropean esquiando. Se rompen en el coche de vuelta, cuando alguien les pasa la manga del forro polar para quitarles el vaho. Saber cómo limpiar gafas de esquí es la diferencia entre unas lentes que duran cinco temporadas y unas que a mitad de la segunda ya tienen esa neblina rayada por dentro que no se va con nada.
La parte contraintuitiva: el interior de la lente casi nunca hay que limpiarlo. Y cuando lo haces mal, es irreversible.
La cara interior lleva un tratamiento antivaho aplicado en fábrica, como el de todas nuestras lentes. Es una capa microscópica que absorbe la humedad y evita que se condense en gotas. No está pintada ni endurecida: se puede arrancar frotando.
Cuando esa capa se va, no vuelve. No hay spray, ni truco de patata cruda, ni pasta que la reponga. A partir de ahí las gafas se empañan cada vez que respiras y ya no hay vuelta atrás.
Por eso la regla número uno es tan simple que parece una tontería: si el interior está mojado, no lo frotes. Déjalo secar al aire.
Si se te llenan de nieve por fuera, sacúdelas con un golpe seco. Si queda nieve pegada, quítala con el guante a toquecitos, sin arrastrar. La nieve compactada lleva cristales de hielo y tierra, y arrastrarlos por la lente es exactamente lo mismo que pasar papel de lija.
Si te ha entrado nieve dentro, aquí es donde el sistema magnético te salva el día: quita la lente, sacude la montura, deja que la lente se seque unos minutos y vuelve a ponerla. Sin herramientas y sin tener que forzar nada. Los que llevan lentes atornilladas se quedan con la nieve dentro hasta la noche.
Grasa de crema solar, restos de forfait, huellas. Agua templada del grifo, un chorro flojo, y secar al aire. Nada de jabón de manos, ni limpiacristales, ni toallitas de gafas de sol.
Subirte las gafas a la frente, por encima del casco, cuando paras a tomar algo.
Ahí las estás poniendo justo encima de la fuente de calor y humedad más grande que tienes: tu cabeza. El vaho que se forma va directo al interior de la lente, y cuando te las vuelves a poner están empañadas. Y como están empañadas, las frotas. Y como las frotas, adiós al antivaho.
Si paras, quítatelas del todo y déjalas colgando del cuello o en la funda, con el interior al aire.
De abril a noviembre las gafas pasan más tiempo guardadas que puestas, y ahí es donde se estropean sin que te enteres:
Si tienes varias lentes, guárdalas por separado en su bolsa. Dos lentes rozándose dentro de la misma funda se rayan solas con las vibraciones del transporte. Si mueves las gafas a menudo o llevas más de una lente encima, una funda para gafas de esquí con hueco propio para cada cosa te ahorra ese problema.
Hay un punto en el que la lente está para cambiar y no para limpiar. Señales claras:
La buena noticia es que cambiar la lente no significa cambiar las gafas. Si tu montura es magnética, una lente de recambio te devuelve unas gafas nuevas por 40 €, y de paso puedes elegir una categoría distinta para tener cubiertos los días de sol y los de niebla.