Cómo limpiar tus gafas de esquí sin cargarte la lente

Cómo limpiar tus gafas de esquí sin cargarte la lente

, por Mi tienda Admin , 4 Tiempo mínimo de lectura

La mayoría de lentes rayadas no se estropean esquiando, sino limpiándolas mal. Qué usar, qué no tocar nunca y cómo guardarlas entre temporadas.

La mayoría de las lentes rayadas no se estropean esquiando. Se rompen en el coche de vuelta, cuando alguien les pasa la manga del forro polar para quitarles el vaho. Saber cómo limpiar gafas de esquí es la diferencia entre unas lentes que duran cinco temporadas y unas que a mitad de la segunda ya tienen esa neblina rayada por dentro que no se va con nada.

La parte contraintuitiva: el interior de la lente casi nunca hay que limpiarlo. Y cuando lo haces mal, es irreversible.

Por qué el interior de la lente no se toca

La cara interior lleva un tratamiento antivaho aplicado en fábrica, como el de todas nuestras lentes. Es una capa microscópica que absorbe la humedad y evita que se condense en gotas. No está pintada ni endurecida: se puede arrancar frotando.

Cuando esa capa se va, no vuelve. No hay spray, ni truco de patata cruda, ni pasta que la reponga. A partir de ahí las gafas se empañan cada vez que respiras y ya no hay vuelta atrás.

Por eso la regla número uno es tan simple que parece una tontería: si el interior está mojado, no lo frotes. Déjalo secar al aire.

Cómo limpiar gafas de esquí paso a paso

Durante el día, en pista

Si se te llenan de nieve por fuera, sacúdelas con un golpe seco. Si queda nieve pegada, quítala con el guante a toquecitos, sin arrastrar. La nieve compactada lleva cristales de hielo y tierra, y arrastrarlos por la lente es exactamente lo mismo que pasar papel de lija.

Si te ha entrado nieve dentro, aquí es donde el sistema magnético te salva el día: quita la lente, sacude la montura, deja que la lente se seque unos minutos y vuelve a ponerla. Sin herramientas y sin tener que forzar nada. Los que llevan lentes atornilladas se quedan con la nieve dentro hasta la noche.

Al terminar la jornada

  1. Sepárales la lente de la montura si puedes.
  2. Déjalas boca abajo a temperatura ambiente, con el interior al aire. Nunca sobre el radiador ni con el secador: el calor directo deforma la espuma y estropea el tratamiento.
  3. Cuando estén completamente secas, y solo entonces, pasa la microfibra por el exterior con movimientos suaves y circulares.
  4. Guárdalas en su funda, no en el bolsillo de la mochila.

Si el exterior está sucio de verdad

Grasa de crema solar, restos de forfait, huellas. Agua templada del grifo, un chorro flojo, y secar al aire. Nada de jabón de manos, ni limpiacristales, ni toallitas de gafas de sol.

Lo que se carga una lente en menos de un minuto

  • Papel de cocina o pañuelos. La celulosa es abrasiva. Parece suave al tacto y deja microrrayas por toda la superficie.
  • Cualquier líquido con alcohol o amoniaco. Limpiacristales, gel hidroalcohólico, toallitas desinfectantes. Se comen el tratamiento antivaho y el espejado exterior.
  • La manga del forro. Lleva incrustado todo lo que has tocado en el día.
  • Frotar el interior mojado. Ya lo hemos dicho, pero es el que más lentes mata.
  • Dejarlas en la guantera del coche. En verano ahí dentro se superan fácilmente los 50 °C. La espuma se compacta, el adhesivo cede y la lente se deforma.

El gesto que casi todo el mundo hace mal

Subirte las gafas a la frente, por encima del casco, cuando paras a tomar algo.

Ahí las estás poniendo justo encima de la fuente de calor y humedad más grande que tienes: tu cabeza. El vaho que se forma va directo al interior de la lente, y cuando te las vuelves a poner están empañadas. Y como están empañadas, las frotas. Y como las frotas, adiós al antivaho.

Si paras, quítatelas del todo y déjalas colgando del cuello o en la funda, con el interior al aire.

Cómo guardarlas entre temporadas

De abril a noviembre las gafas pasan más tiempo guardadas que puestas, y ahí es donde se estropean sin que te enteres:

  • Completamente secas antes de guardar. Humedad más funda cerrada durante seis meses es igual a moho en la espuma.
  • Sin peso encima. Nada de fondo de armario con las botas apoyadas.
  • Lejos del sol y del calor. Un armario del interior de casa, no el trastero ni el maletero.
  • Con la correa sin tensión, para que el elástico no se dé de sí.

Si tienes varias lentes, guárdalas por separado en su bolsa. Dos lentes rozándose dentro de la misma funda se rayan solas con las vibraciones del transporte. Si mueves las gafas a menudo o llevas más de una lente encima, una funda para gafas de esquí con hueco propio para cada cosa te ahorra ese problema.

Cuándo ya no vale la pena limpiarla

Hay un punto en el que la lente está para cambiar y no para limpiar. Señales claras:

  • Se empaña a los dos minutos de ponértelas, aunque estén secas y limpias.
  • Ves halos o neblina permanente aunque el exterior esté impecable.
  • Tienes rayas visibles justo en el centro del campo de visión.

La buena noticia es que cambiar la lente no significa cambiar las gafas. Si tu montura es magnética, una lente de recambio te devuelve unas gafas nuevas por 40 €, y de paso puedes elegir una categoría distinta para tener cubiertos los días de sol y los de niebla.

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